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El primer Centenario de la muerte de Casimiro Barello 24 febrero, 2001
   Les mostramos toda la información de que disponemos del Primer Centenario de la Muerte de Casimiro Barello, noticias de la época y el folleto de actos que se llevaron a cabo.

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    En 23 de febrero del año de gracia de 1984,tarde fresca y soleada, entra en Alcoy, por aquel puente de Cristina, viniendo desde la carretera de Játiva, un joven peregrino de rostro pálido y enjutas carnes. El penitente viste tosco sayal franciscano y luce copiosa barba. Camina fatigado y cansino, descalzos sus pies en el asfalto, desganando las abultadas cuentas de su rústico rosario, Alcoy, entregado en su ajetreo diario, como siempre, a su afanosa labor fabril, no puede, de buenas a primeras, percatarse de la presencia en las calles de tal humilde persona que arriba en las horas vespertinas cuando telares y selfactinas están en pleno rendimiento.
   Un comerciante, propietario de un céntrico establecimiento de tejidos, José Valero Muñoz, es quien descubre su identidad. El Sr.Valero insiste en albergar al penitente en su propio domicilio. El piamontés se resiste, pero al fin, y después de adorar al Santísimo en la parroquia de Santa María, Casimiro Barello accede a tan amable invitación. La esposa del comerciante da a luz ese mismo día, un hermoso niño. Casimiro le apadrina horas más tarde, en la siguiente jornada, al serle administradas al neófito las aguas bautismales.
   Sus catorce horas de ferviente oración arrodillado incomodísamente en Santa María, y la fama que el hombre virtuoso empieza a difundirse por toda la ciudad, despierta, algo mas tarde, animada curiosidad, admiración e interés en el vecindario que desea conocer y visitar al peregrino.
   El 7 de marzo, tras sus visitas al hospital y a la Casa de las Hermanitas de los pobres desamparados, recibe el penitente de Cavagnolo en casa del Sr.Valero, el Santísimo Viático. Dos días más tarde, a las cuatro de la tarde, muere tranquilamente Casimiro a la tempranísima edad de veintisiete años.
   La llegada del penitente a nuestra ciudad pasó, en los primeros momentos, poco menos que inadvertida. La prensa local no se ocupó de tan singular visita. Era Casimiro Barello “uno más” de entre esos que recorren pueblos y tierras siempre rezando y viviendo de la prodigalidad de la buena gente. Sin embargo, Casimiro impresionó, algo más tarde, a todo Alcoy. El pueblo sufrió al comenzar a conocerle de verdad, una fuerte sacudida y posteriormente un certero impactó con cristianísima muerte.
   Se público entonces, diariamente y por las mañanas “El Serpis” rotativo de aire liberal y democrático con imprenta propia. El periódico vale 10 céntimos y la redacción y la administración se encuentran en un entresuelo de la calle del Mercado número 11 y 13, diario que se ha fundado años antes, en 1887. Si durante su estancia no había dicho el periódico “esta boca es mia” con referencia a Casimiro, no puede, sin embargo, callar ante ese suceso singular que ha sido la muerte del franciscano. Así en su edición del día 11 del mismo marzo dice “El Serpis” en sus páginas que el acontecimiento que “El acontecimiento del día de ayer fue el fallecimiento del penitente piamontés que tanto ha llamado la atención estos últimos días en diversos pueblos de esta región...” “Dicho penitente dejo de existir anteanoche víctima de una fiebre tifoidea, habiendo su último instante, un ejemplo de mansedumbre y virtud sólo comparable aquellos heroicos personajes de que nos habla la tradición y que en aras de la fe hicieron los mayores sacrificios”.
   El cadáver de Casimiro se deposita en la iglesia de San Jorge. Allí a contemplarle movido por un “no se qué” misterioso llega un extraordinario gentío. “La concurrencia de personas que acudieron a visitarle fue tan inmensa- continua “El Serpis”- y tan atropellada, que hasta hubo un caso de asfixia de una niña afortunadamente sin consecuencias...” “Las posadas de Alcoy quedaron pequeñas por el río de gente de Játiva, Albaida, Cocentaina y Valencia acudieron a conocer la triste nueva...”.
   En su edición del siguiente día – 12 de marzo- el mismo órgano informativo de Alcoy publica amplia crónica del acto de sepelio. “La población- dice el Serpis”- presentaba el aspecto – ante tal avalancha de fervorosos- de un día extraordinario por su animación y movimiento”. “El Serpis”, convencido de que el suceso merece destacarse por su trascendental significación se alarga cuando considera necesario, con toda minuciosidad y detalles, dándonos pormenores: “Los Cleros y los que habían de acompañar el féretro rompieron la marcha precedidos por la Orquesta de Música Novísima, dirigiéndose a la Parroquia de Santa María en donde se celebró el rito de la rúbrica”. “Era llevado el difunto en un magnificó ataúd negro con tapa de cristal, por cuatro frailes franciscanos del convento existente en la vecina villa de Cocentaina”: El orden exacto con el que se formo la comitiva en el acto de la conducción del cadáver nos la ha reseñado dicho periódico: 1º. Asilo HH de los pobres y asilados; 2º. Coro y música primitiva; 3º. Clero de la Parroquia de San Mauro y San Francisco; 4º. Orquesta Música Nueva; 5º. Frailes Franciscanos; 6º. Clero de Santa María; 7º. féretro y muchedumbre presidida, entre otros señores, por don José Valero Muñoz en cuyo domicilio murió el penitente.
   El itinerario parte de la plaza de San Jorge, en donde esta enclavada la iglesia titular y por San Blas y Mayor llega a Santa María, por la plaza de San Agustín y la calle de San Nicolás asciende hasta al mismo campo sano, hoy descampado de Bella V. Terminado el Solemne entierro presenciado por varios miles de personas, hay gran función religiosa en Santa María en donde actúan, desinteresadamente, los coros de la Primitiva y Nueva que interpreta bajo la dirección de su autor, Don José Jordá Valor. Días más tarde y dando diversas versiones incluso elucubrando sobre la enfermedad del penitente, los periódicos alicantino “El Graduador” y el “Contitucional” se refieren también a la muerte del popular piamontés. De igual manera recoge el luctuoso hecho el diario valenciano “Las Provincias” en sus ediciones de los días 11, 12 y 13 de marzo. Destaca esté órgano informático de la capital del reino que se han sacado fotografías de cadáver que se venderán, y el producto será a los donativos que se destinan para un panteón. En vida, dirá el director valenciano “ se alimentaba de pan y agua, no durmiendo más que sobre el desnudo suelo o sobre la paja”. “Las Provincias” del día 4 de abril notifica, además, que en Alcoy se ha formado una comisión con objeto de recaudar fondos con destino a la construcción de una sepultura para el penitente, transcribiendo, a mayor abundamiento, la información detallada publicada por su colega “El Serpis”.

Adrián Espí Valdés.




A continuación creemos que les puede parecer interesante ver el programa que se hizo en 1984 como comenmoración del primer Centenario de la muerte de Casimiro Barello Morello, en el que se pedía su beatificación y canonización.